Concierto para percusión y orquesta
Encargo de Geneva Camerata
Esta pieza tiene un carácter decidido y desenfadado de danza, basado en estándares de la música latinoamericana, como el palito o el martillo. Aunque casi nunca se escuchan en su forma original, el trabajo sobre estos motivos le confiere a la música una fuerza y un «sabor» que invitan a mover los pies.
Y esto es precisamente lo que sucede con el percusionista solista, retratado como un Jano, el dios romano de dos caras: una que mira hacia el pasado y otra hacia el futuro, representando los comienzos y los finales, los pasajes, las puertas y las decisiones.
El solista intenta conciliar la nobleza del sonido de los tambores con el de los objetos cotidianos, así como con el de su propio cuerpo (body percussion) o su voz en beatbox (su propia voz imitando la percusión). Este esfuerzo no es solamente sonoro, sino también teatral y coreográfico: ¡la partitura lo obliga a realizar movimientos que lo convierten en un bailarín involuntario!
La orquesta responde a cada gesto del percusionista-bailarín, amplificándolo para construir un torbellino en el que reinan el swing y el movimiento. Pero, como un intruso, una invasión estética proveniente de nuestro actual mundo digital se abre paso para contrarrestar este movimiento inexorable; congelamientos de imagen, glitches y otros parásitos tecnológicos vienen a enriquecer la paleta de la orquesta.
Nuestro rostro primitivo, proveniente de la tierra, convive con nuestro rostro digital y, mientras intentamos conciliar estas dos caras que miran hacia el pasado y hacia el futuro, se baila, se baila…