para flauta, clarinete, percusión, piano, violín, violonchelo y contrabajo
Escultura Sonora II Op. 43 surge como evolución de la exploración que inicié con mi obra anterior, Escultura Sonora I Op. 42. Si en aquella primera entrega la premisa era el viento golpeando las cuerdas de un arpa, en esta nueva pieza para ensamble de siete músicos la inspiración nace del cuatro venezolano.
El subtítulo, Cam-bur-pin-tón, trasciende la afinación característica del instrumento para convertirse en una declaración de identidad musical venezolana, al estar este presente en la mayoría de nuestras representaciones artísticas. La obra encuentra su motor en las texturas y el repertorio tradicional, utilizando motivos melódicos profundamente arraigados en la memoria colectiva del venezolano. En el tejido sonoro habitan fragmentos del merengue Compadre Pancho —puerta de entrada para todo aquel que se inicia en el instrumento—, los cuales se entrelazan con citas de El Becerrito (La vaca Mariposa). Asimismo, géneros como el seis por derecho y el pajarillo aparecen de forma constante, presentados mediante un canon que actúa como un eco persistente en continua transformación. Todos estos elementos convergen para formar una masa sonora cargada de tradición y música popular, recontextualizada en un entorno contemporáneo.
Siendo el cuatro el primer instrumento que aprendí a tocar y el que me acompaña hasta el día de hoy, decidí que esta obra fuera un homenaje personal. Es, al mismo tiempo, un tributo a cada instrumento nacido del taller de mi padre, el luthier Arturo Vilera; sus cuatros han sido testigos y partícipes de mi formación y de la sonoridad que hoy busco, finalmente, esculpir.
