orquesta sinfónica
Rodolfo Acosta
… y caminé felizmente,
sin saber de dónde venía ni a dónde iba,
pero sabiendo exactamente dónde estaba.
Dedicada a Juan Carlos Rivas,
con el cariño y la admiración que siempre he sentido hacia él.
fe fue compuesta con la idea de plantear la orquesta como una unidad colaborativa en la cual cada miembro aporta lo suyo a un bien común, con un cierto rechazo al individualismo. Esto se traduce de muchas formas en la música, pero muy particularmente en el hecho de que la participación de los diferentes instrumentistas puede ser muy esporádica, aunque crucial, a la manera tradicional de los percusionistas clásicos. La orquesta, sin embargo, como unidad representativa de los individuos que la constituyen, suena –y hace silencio– de principio a fin. Así, el discurso musical de la pieza se basa en la exploración de diferentes aspectos de aquella trinidad esencial para el sonido como expresión de vida: producción – resonancia – silencio.
Las ideas tradicionales de melodía y armonía no son rechazadas en fe, pero sí son recontextualizadas, sobre todo siendo incorporadas a la transformación del macrotimbre orquestal como su principal elemento discursivo. A su vez, la concepción rítmica se aleja de las más tradicionales (ritmos de danza, por ejemplo) para adoptar comportamientos más generalmente temporales, comparables a los que podemos encontrar en los ritmos cotidianos de nuestro entorno: la sucesión de lluvia y sequía o en el comportamiento del tráfico, entre otras innumerables expresiones de lo temporal en nuestras vidas. En ese sentido, fe busca plantear el ritmo musical, no como un estado de excepción a la temporalidad natural (humana y extrahumana), sino como un diálogo estético entre las ricas relaciones temporales que nos rodean.
